Presentación

cartel-vi-jornadas“Todo lo que forma parte de un archivo no es más que testimonio, manifestación, rastro de la trayectoria histórica de la persona que lo ha producido. Cualquier objeto o documento no es otra cosa que la concreción, o cristalización, de un determinado momento de su trayectoria histórica, en los que han quedado plasmados su creatividad, sus costumbres o su modo de vida”.

Estas palabras, de José Luis Rodríguez de Diego, en torno al contenido de los Archivos, son perfectamente aplicables a los Archivos personales de escritores, que podemos definir como los documentos generados, recibidos o reunidos por el escritor a  lo largo de su trayectoria vital, testimonio de la labor realizada en su tarea profesional y en su relación con el contexto histórico en el que la desempeñó.

Una de las señas de identidad de este tipo de Archivos, tal y como la bibliografía se ha encargado de resaltar, es su heterogeneidad de tipologías documentales. Carnés de identidad, de conducir, tarjeta de la seguridad social, cartilla de vacunación, recetas médicas, cartas, telegramas, tarjetas, facturas, certificados, fotografías, cintas de vídeo y de audio, materiales preparatorios de sus obras, cuadernos de apuntes, borradores, manuscritos originales, originales mecanografiados y corregidos, contratos, certificados de tirada…, suelen ser las tipologías documentales más comunes que podemos encontrar.

Como señala Cristian Rubio, la revalorización de borradores, originales y correspondencia para entender y estudiar el proceso creativo de los escritores ha sido la pieza angular que ha permitido el “redescubrimiento” de los “archivos literarios”, hasta hace relativamente poco, insuficientemente valorados y estudiados. De esta realidad, como subraya Javier Blasco, nace la genética textual, “una manera de mirar la literatura, que se va haciendo cada día más necesaria, cuando se estudia un autor en cuyos archivos existen materiales que conservan las huellas de toda una serie de operaciones cognitivas, que se van materializando, verbalmente, a través de cambios, supresiones, tachaduras, añadidos… que van constituyendo el texto”.

Ahora bien, por si esto no fuera suficiente para despertar el interés por los Archivos personales de escritores, deberíamos añadir que estos autores, de personalidad atractiva y carismática, generalmente han sido, y continúan siéndolo, personas queridas y respetadas por la sociedad en la que desarrollaron su experiencia vital y sus actividades profesionales. Toda una referencia intelectual y moral para muchos.

Sólo a través  de los documentos que conforman sus archivos, debidamente organizados, descritos, digitalizados y puestos a disposición de investigadores y usuarios, seremos capaces de reconstruir tanto los raíles sobre los que transcurrió su vida, como el proceso de creación de sus obras. Unos archivos, por lo tanto, que pretenden ser un medio para conservar y difundir no sólo el legado cultural de sus autores sino, sobre todo, su persona.

Javier Ortega Álvarez. Director de la Fundación Miguel Delibes y Director científico de las VI Jornadas de Archivos Privados